Nos perdemos entre intolerancias, alergias, alimentos saludables y no saludables, digestiones pesadas… El mundo de la nutrición es muy complejo y, cada vez, más complicado. Es fácil sentir malestar después de comer ciertos alimentos, sentirse hinchado, dolor abdominal e incluso, fatiga. Son síntomas bastante habituales y que dejamos pasar. Sin embargo, pueden indicar que se padece alguna alergia alimentaria, una condición bastante común que afecta a millones de personas, a lo largo y ancho del planeta.
De hecho, se estima que hasta un veinte por ciento de la población, padece algún tipo de intolerancia alimentaria, aunque son muchas las personas que pasan años, sin tener un diagnóstico adecuado. Reconocer los signos y síntomas y realizar un examen o prueba correcta, es la mejor manera de encontrar el problema y la consiguiente solución, mejorando la calidad de vida. Entender lo que el cuerpo necesita o no tolera, resulta esencial para que la alimentación, sea sana, equilibrada y sin molestias.
Con objeto de seguir concienciando a aquellos que padecen malestar cuando comen ciertos alimentos, para que profundicen y averigüen si sufren de intolerancia, escribimos este artículo. Saber reconocer los síntomas y prestarles la atención necesaria, así como conocer la diferencia entre alergia e intolerancia, es fundamental. Del mismo modo que saber cuáles son los alimentos que más intolerancia suelen provocar y los exámenes que se realizan, para tener un diagnóstico que nos lleve al enfoque terapéutico adecuado.
Si sientes molestias digestivas e incluso fatiga, después de comer, tu abdomen se hincha o la digestión es más pesada de lo habitual, sigue leyendo, tal vez descubras que tu problema, es intolerancia hacia algún alimento. La solución a este problema es más sencilla de lo que puede parecer, tan solo hay que conocer el alimento que no nos sienta bien.
Pero ¿qué es la intolerancia alimentaria?
Nadie mejor que un profesional para darnos esta respuesta, en la Farmacia Ramón Ventura, con sus test de intolerancia alimentaria, saben todo lo necesario al respecto y, nos han ayudado a conocer más sobre esta afección tan común. La intolerancia o sensibilidad alimentaria, cuenta con tres definiciones, siendo la más característica la que la define como reacción adversa a los alimentos, sin que el sistema inmunológico se vea involucrado, como sucede en las alergias.
La condición de intolerancia, puede relacionarse con la deficiencia de enzimas digestivas, como es el caso de la intolerancia a la lactosa, o tratarse de una respuesta inflamatoria tardía mediada por la inmunoglobulina de tipo IgG. Cuando existe deficiencia de enzimas responsables de la digestión de determinados alimentos, la metabolización de los mismos, resulta incompleta, lo que da como resultado una serie de síntomas gastrointestinales de lo más incómodo.
Otro mecanismos sugerido, involucra el aumento de la permeabilidad intestinal, lo que permite el paso de antígenos alimentarios a la circulación, lo que estimula la producción de IgG específica contra proteínas alimentarias. Esto se asocia a la reducción de citocinas antiinflamatorias y se ha estudiado dentro del contexto del síndrome de intestino irritable.
Respecto a los síntomas que provoca una intolerancia alimentaria, diremos que son variados y se pueden presentar de diferentes formas. Pudiendo abarcar desde alteraciones gastrointestinales hasta migrañas, pasando por alteraciones respiratorias, cutáneas o neurológicas. Pueden aparecer horas o días después de que se haya ingerido el alimento que los provoca, por lo que el diagnóstico puede resultar complicado.
Por si no fuera complicado de por sí, el problema puede producirse en cualquier momento de la vida. Incluso si se trata de un alimento que se ha ingerido durante años sin que diera problemas.
Dicho de otra manera, la intolerancia alimentaria, conocida igualmente como hipersensibilidad alimentaria no mediada por IgE o hipersensibilidad alimentaria no alérgica, se presenta cuando se tienen dificultades para digerir ciertos alimentos.
Es muy común que se confundan y tilden como alergias alimentarias, aunque se trata de dos patologías diferentes. Las alergias alimentarias, provocan una fuerte respuesta del sistema inmunitario, afectando a varios órganos del cuerpo. Por lo general producen síntomas diversos, aunque se dan casos de reacciones graves y potencialmente mortales. Por el contrario, cuando se presenta una intolerancia alimentaria, los síntomas son menos graves y se limitan a problemas digestivos.
Si bien es cierto que ambas pueden desencadenarse por el mismo alimento, la diferencia entre una reacción inmunológica inmediata provocada por una alergia es precisamente esa, la inmediatez. En el caso de la intolerancia, como ya hemos comentado, puede presentarse de forma tardía y verse afectada por otros factores, como el estrés, infecciones, toma de antibióticos y antiinflamatorios, ya que comprometen la permeabilidad intestinal.
Las alergias surgen en la infancia y tienen baja tasa de remisión, mientras que las intolerancias, pueden aparecer en cualquier momento de la vida y, de la misma manera, remitir. El diagnóstico preciso es fundamental para que el tratamiento sea adecuado.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento
La intolerancia alimentaria provoca unos síntomas que varía entre las personas que la padecen. Estos síntomas dependen del tipo de alimento que la provoca y el grado de intolerancia. La parte más afectada es el tracto gastrointestinal, aunque pueden producirse manifestaciones en otras partes del cuerpo, haciendo que el diagnóstico, se complique.
Los síntomas más comunes que provoca la intolerancia son los relacionados con las molestias digestivas que citamos a continuación: diarrea, hinchazón, flatulencia, ardor de estómago y calambres abdominales. Otros síntomas que pueden producirse y no relacionados con el tracto digestivo son las erupciones cutáneas, los mareos, dolor de cabeza, fatiga general, pérdida de peso y falta de crecimiento en los niños.
Estos síntomas pueden aparecer poco después de que se ingiera el alimento, aunque como ya hemos comentado, pueden producirse horas después. Por lo general, los síntomas son más o menos fuertes, en función de la cantidad ingerida.
Dentro de las causas que pueden producir la intolerancia, existen las siguientes:
- Carencia o mal funcionamiento de ciertas enzimas para el proceso o uso de los componentes de los alimentos. Un claro ejemplo es la intolerancia a la lactosa.
- Mal funcionamiento o baja cantidad del transportador para absorber el nutriente, conocido como malabsorción.
- Daños en la pared del intestino delgado, lo que permite que entren sustancias nocivas en el torrente sanguíneo. En este caso, los expertos creen que se debe a múltiples factores entre los que se encuentran una dieta rica en alimentos muy procesados, estrés e influencias ambientales. Por lo que el número de personas que padecen intolerancia va en aumento.
- Sensibilidad a los aditivos alimentarios, como sulfitos, derivados del azufre utilizados como conservantes alimentarios y presentes en casi todos los vinos, cerveza y sidra.
- Estrés recurrente o factores psicológicos.
Lo que nos lleva a las intolerancias alimentarias más comunes: la celiaquía o intolerancia al gluten, la intolerancia a la lactosa por deficiencia de lactasa, intolerancia a la histamina por deficiencia de diamino oxidasa, intolerancia a la fructosa por sobrecarga de glut-5, intolerancia hereditaria a la fructosa (muy rara), intolerancia a la lectina (trigo, soja y solanáceas), intolerancia al sorbitol, sensibilidad al trigo e intolerancia a los salicilatos.
Para obtener un diagnóstico correcto y preciso, existen diversos exámenes. Resulta difícil de obtener, debido a su sintomatología inespecífica, la ausencia de respuesta inmediata y la limitación que presentan las pruebas convencionales, como pueden ser las cutáneas. A lo que se añade que son varios los mecanismos que pueden estar involucrados, incluyéndose las deficiencias enzimáticas, alteraciones de la microbiota intestinal y disfunciones gastrointestinales. Factores como el estrés, las infecciones y el uso recurrente o prolongado de antibióticos, puede comprometer la mucosa intestinal, aumentando la predisposición a sufrir intolerancia alimentaria.
Por lo tanto, la evaluación clínica se inicia con un historial detallado, en el que se incluye la alimentación y el estilo de vida. Los pacientes que padecen síntomas gastrointestinales persistentes, pueden realizarse exámenes de laboratorio, endoscopia y pruebas de heces para excluir otras enfermedades. En caso de ausencia de patologías identificables, se suele diagnosticar algún trastorno gastrointestinal como el síndrome de intestino irritable o dispepsia.
Afortunadamente, los avances han facilitado la identificación de intolerancias, a través de pruebas que analizan la reacción a diferentes alimentos, con tan solo una muestra de suero. Con estos exámenes se obtiene una clara orientación hacia la posible intolerancia.
Una vez se conoce con certeza la existencia de una intolerancia y el alimento al que se debe, el enfoque terapéutico, implica la retirada de los alimentos ante los que presenta anticuerpos específicos. Detectar anticuerpos IgG elevados contra determinados alimentos, es una herramienta de gran utilidad a la hora identificar lo que provoca la reacción.
Eliminar estos alimentos de la dieta, conlleva una mejora notable de la sintomatología que, como hemos visto, puede ir desde el acné y la fatiga, hasta los trastornos digestivos. Aproximadamente el setenta y cinco de los casos dejan de padecer los síntomas o los reducen en gran medida, con solo dejar de ingerir los alimentos responsables.
Pasados seis meses de exclusión alimentaria, los alimentos identificados como responsables, pueden volver a introducirse en la dieta de forma gradual, valorando la tolerancia del organismo. Este proceso debe realizarse con orientación profesional, de manera que no se produzcan síntomas y se garantice una alimentación sana, equilibrada y nutritiva.