Son muchas las actividades deportivas y de ocio que deben realizarse con seguridad, puesto que llevan un riesgo implícito en ellas si no se llevan a cabo como es debido. Esto no quiere decir que tenga que pasar algo necesariamente, tan solo que es indispensable tomar precauciones para que los riesgos posibles sean mínimos. Actividades como el paracaidismo, el parapente, el ala delta o, en el lado opuesto al cielo, el buceo, del que vamos a hablar en este artículo, deben llevarse a cabo de la forma adecuada.
El buceo es uno de los deportes acuáticos que cada vez cuenta con más seguidores. Lo que no quiere decir que, para practicar este apasionante deporte, solo sea necesario disponer del equipo básico y un poco de profundidad acuática. A diferencia de otros deportes, hacer buceo implica realizar un curso de iniciación en el que se incluyen pruebas de tipo teórico y práctico, entre las cuales destaca el bautismo de buceo y, además, unas pruebas médicas.
Lo primero que hay que saber y tener muy presente es que el cuerpo humano no está acostumbrado a la presión y los cambios de la misma en las profundidades marinas. Por lo que, antes de bucear la primera vez, hay que conocer cómo funciona el equipo de buceo y seguir paso a paso las técnicas y recomendaciones del profesional. Solo así se pueden evitar los incidentes y minimizar las consecuencias negativas que puede tener una inmersión.
No obstante, el buceo es, sin lugar a dudas, una actividad fascinante. Una inmersión en el fondo del mar permite descubrir un mundo diferente. Aunque, como decimos, para poder disfrutar de la experiencia, es esencial seguir unas pautas y consejos que garanticen la seguridad y el respeto por el entorno marino. Tanto los principiantes como los más experimentados deben sumergirse en base a las mejores prácticas posibles.
Bucear con seguridad
Cualquier deporte requiere contar con conocimientos y entrenamiento previo, sobre todo en el caso de los novatos. En Puerto Buceo, están más que acostumbrados a realizar actividades de buceo, snorkel y demás actividades submarinas, proporcionando los cursos necesarios para que la inmersión sea segura. Además, nos explican que la práctica de este tipo de actividades se encuentra regulada por ley, la cual determina que: “Toda persona que se someta a un ambiente hiperbárico deberá realizar previamente un examen médico especializado”. Este examen debe repetirse cada dos años en aquellos buceadores deportivos recreativos.
La libreta de actividades subacuáticas que debe tener el buceador debe contar con este certificado médico, además de contar con el correspondiente curso homologado de aprendizaje que debe realizar antes de iniciarse. Nunca, bajo ningún concepto, se debe bucear sin realizar este curso, ya que el cuerpo, como comentamos párrafos atrás, no está preparado para la presión que se produce en el mar, por lo que se producen muchos accidentes en las inmersiones, incluso cuando se han realizado los correspondientes cursos.
Dentro del agua, debido a la densidad de la misma y la carga del equipo de buceo, el movimiento supone un mayor esfuerzo que aumenta si se produce alguna complicación. Por lo que es igual de indispensable realizar entrenamiento físico que prepare al cuerpo para la inmersión. De manera que se reduzcan los calambres por la fatiga muscular, se fortalezcan las piernas, glúteos y lumbares.
Un consejo que dan los expertos y que se debe cumplir sí o sí es bucear siempre en compañía. Este mandamiento es ley. Igual que en la escalada. Nunca se debe bucear en soledad; debe haber siempre otro buceador y la distancia debe ser poca entre ambos. Saber comunicarse con los compañeros de inmersión bajo el agua es indispensable para poder advertir o informar sobre peligros o afirmar que todo va bien. También hay que estar preparado para actuar si se producen contratiempos y saber ayudarse a uno mismo en caso de que se produzcan calambres, se pierda el equipo, existan obstáculos, etc.
Tener el equipo de buceo a punto es más que indispensable. Contar con un equipo completo y en perfecto estado es primordial para que el buceo sea seguro. Al comprar o renovar el equipo, hay que someterlo a prueba con una inmersión sencilla y controlada. Antes de la inmersión, hay que comprobar que no existe ningún problema. A continuación, detallaremos los elementos que hay que llevar en la primera experiencia:
- Traje de neopreno.
- Gafas de buceo.
- Aletas de buceo.
- Compensador de flotabilidad.
- Plomo o cinturón de buceo.
- Botellas de buceo.
- Regulador.
- Reloj de buceo.
- Ordenador de buceo.
- Linterna de buceo.
- Cuchillo de buceo.
Todos estos elementos son indispensables para que la práctica de la actividad se lleve a cabo con total normalidad y seguridad. Comprobar previamente el estado de todos y cada uno de ellos va a proporcionar la tranquilidad necesaria para que la aventura marina sea un éxito y esté libre del máximo de imprevistos posibles.
Otras consideraciones a tener en cuenta
Los expertos en buceo aconsejan buscar información sobre los lugares en los que se practica buceo. El estado de la mar es variable según la zona y época del año en que se pretenda bucear. Aparte de la belleza a contemplar durante la inmersión, hay que tener en cuenta otros aspectos para que el buceo sea seguro. Si es la primera vez, lo mejor es sumergirse en aguas tranquilas, donde el oleaje y las corrientes sean escasas, la profundidad sea poca y existan buenas condiciones de visibilidad. Aunque se bucee con traje de neopreno, si el agua es demasiado fría con respecto a la temperatura del cuerpo, se corre el riesgo de sufrir una hipotermia. Por esta razón es conveniente decantarse por aguas templadas. Así mismo, hay que contar con información relativa a las especies marinas peligrosas que puedan habitar en la zona. Durante la inmersión hay que prestar atención a todo lo que sucede alrededor.
Los cambios de presión que se producen durante el buceo pueden tener consecuencias que hay que conocer. Si se producen cambios bruscos, el cuerpo no los tolera bien y, cuando se bucea, la presión aumenta durante la inmersión, debido al volumen de agua que soporta el cuerpo. Por esta razón, durante el ascenso hay que controlar la velocidad, de manera que la presión se gradúe de forma regular, evitando que se produzca un síndrome de descompresión. Para que el buceo sea seguro, hay que respetar escrupulosamente el ascenso en función de la profundidad y duración de la inmersión realizada. La velocidad a la que salen pequeñas burbujas durante el ascenso se convierte en la mejor guía para saber que se está llevando a cabo de forma segura. Una regla segura es subir más despacio que la columna de burbujas emitida con cada exhalación.
Antes de proceder a la inmersión, es necesario preparar el cuerpo y la mente. Para aumentar la agilidad y destreza de los movimientos en el agua, hay que realizar una serie de estiramientos y prepararse a nivel mental. Una regla de oro es mantener la calma. Si durante la inmersión se presenta algún tipo de problema, el miedo y la inseguridad se convierten en el peor enemigo, ya que una maniobra descontrolada puede llegar a perjudicar la salud. Estar correctamente hidratados y comer un par de horas antes de bucear, de manera que se haga la digestión correctamente, permite que se mantenga la energía, lo que resulta igualmente esencial. Una comida equilibrada y baja en grasas, en la que se incluyan proteínas, hidratos de carbono y minerales, es tan necesaria como evitar la ingesta de alimentos que provoquen acidez o una mala digestión.
Con el cambio de presión, los oídos se taponan; para evitarlo, se recurre a la maniobra de Valsalva: tapar con los dedos las fosas nasales y soplar por la nariz al mismo tiempo. Es conveniente hacer esta operación por cada metro que se desciende.
En caso de que se produzca algún problema, mantener la calma. Actuar con cabeza y serenidad permite resolver estos problemas y evitar las consecuencias. Es posible enredarse en algas, cabos o artes de pesca, que se produzcan calambres, lesiones o dolor de oídos, entre otros problemas. En estas situaciones, lo menos prudente es querer ascender rápidamente a la superficie.
Por descontado queda que la respiración es fundamental. Cuando se produce una inmersión en el agua, se tiende a contener la respiración por instinto. Aunque se bucee con oxígeno, contener la respiración de forma innecesaria puede generar sensación de angustia o pánico y, en consecuencia, dañar los pulmones.
Otras recomendaciones a tener en cuenta son: recuperar las fuerzas después de bucear, descansar e hidratarse; visitar al médico si se presentan mareos, malestar, hormigueo, manchas rojizas en la piel, dolor de cabeza, muscular o de las articulaciones, estómago u oídos o se sangra por la nariz; evitar volar hasta que pasen al menos veinticuatro horas, ya que se aumenta el riesgo de que se produzca síndrome de descompresión.
En definitiva, bucear es una actividad apasionante que requiere preparación y práctica para poder ser disfrutada completamente. Un buen entrenamiento y contar con los monitores adecuados permiten que se puedan realizar inmersiones con total seguridad, siempre y cuando se realice la preparación necesaria.