El interiorismo no es decoración

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Todo tiene su especialidad y su finalidad, aunque parta de una misma base y un mismo concepto. La evolución y la tendencia son que cada aspecto de la vida tenga su propio camino. Donde antes existía un profesional para todo, ahora encontramos una especialidad para todo. No es lo mismo, no. Antes podíamos encontrar un aprendiz de todo y maestro de nada, pero ahora los aprendices tienen que centrarse en ser maestros de algo concreto, aunque los conocimientos nunca vienen mal.

¿Por qué decimos esto? Porque vamos a hablar de interiorismo y es muy posible que muchos digan o piensen: “Ah, vale, decoración”. Pues no, no es decoración, aunque a buen seguro, hace unos cuantos años, estas profesiones se solapaban y el que hacía de decorador hacía de interiorista, pero a día de hoy, cada uno tiene su función.

El interiorismo es un proceso técnico y creativo mediante el que se distribuye o reforma un espacio interior ya construido, cuyo objetivo es la creación de ambientes funcionales, estéticamente agradables y adaptados a las necesidades y preferencias de las personas que lo habitan o utilizan. En el interiorismo se incluyen la planificación y el diseño de los espacios interiores para crear lugares estéticamente atractivos, prácticos y que satisfagan las necesidades y preferencias de los habitantes o usuarios.

Dicho de otra manera, se trata de una disciplina mediante la que se planifican, diseñan y mejoran los espacios interiores para hacerlos más funcionales, estéticos y coherentes. Más allá de decorar, se combinan la distribución, los materiales, la iluminación, el color y el mobiliario para crear ambientes más cómodos, prácticos y equilibrados a nivel visual.

Esta disciplina abarca conocimientos de arquitectura, diseño, economía, presupuestos, comportamiento humano, bienestar y productividad, no buscando solo la estética, sino persiguiendo la funcionalidad, el confort y la eficiencia de uso de cada espacio.

Lo que hace el interiorismo y lo que no hace la decoración

Como bien nos ha explicado Sergio Nisticó Interior Design, profesional del interiorismo que selecciona un número de proyectos muy limitado cada año para concebir espacios como piezas únicas, diseñadas y supervisadas personalmente en cada detalle, el interiorismo consiste en proyectar espacios de interiores teniendo en cuenta la parte funcional y la visual. Con el objetivo de que el lugar se vea bien y responda de forma eficiente al uso que se le va a dar.

De ahí que el interiorismo analice aspectos como la circulación, el aprovechamiento del espacio, la entrada de luz, la elección de los acabados y la relación entre todos los elementos que forman el ambiente. Esta disciplina se puede aplicar en viviendas, oficinas, comercios, hoteles, restaurantes y otros entornos. En otras palabras, el interiorismo es la disciplina capaz de transformar un espacio interior y convertirlo en un lugar pensado para vivir, trabajar o relacionarse mejor.

Una de las dudas más frecuentes, como ya hemos mencionado, es confundir interiorismo y decoración. Aunque están relacionados, no es exactamente lo mismo. La decoración se centra más en el aspecto visual y la elección de elementos como los textiles, los colores, los objetos o los muebles. El interiorismo lo que hace es partir de una visión más amplia y estratégica del espacio. El interiorista no solo decide cómo se tiene que ver la estancia, sino que analiza cómo se utiliza, los problemas que tiene y las soluciones para mejorarla. Esto puede incluir la redistribución de ambientes, la modificación de recorridos, potenciar la luz o elegir los materiales más adecuados.

Algunas de las diferencias básicas entre interiorismo y decoración son:

  • El interiorismo trabaja la funcionalidad y la estructura del espacio, y la decoración se centra en la ambientación estética.
  • El interiorismo puede intervenir en la distribución y los materiales, y la decoración actúa sobre un espacio ya definido.

Ambas disciplinas se pueden complementar, pero no se deben considerar lo mismo. El interiorismo sirve para adaptar un espacio a las necesidades reales de las personas, lo que quiere decir que no se limita a embellecer una estancia, sino que mejora la forma en la que se habita, se trabaja o se disfruta en ese espacio.

Un buen proyecto de interiorismo ayuda a que los metros disponibles se aprovechen lo mejor posible, creando sensación de amplitud, facilitando la organización, reforzando la identidad de la marca o aumentando el confort. En los espacios profesionales, se puede mejorar la experiencia del cliente o la productividad del equipo. Por estas razones, se considera una disciplina con un valor tanto a nivel práctico como estratégico; un espacio bien resuelto va a influir en el bienestar, la eficiencia y la percepción general del entorno.

El interiorismo incluye el diseño de los espacios interiores de cada estancia y, para entenderlo, hay que conocer los elementos con los que suele trabajar esta disciplina. Cada proyecto puede variar en función del espacio, aunque existen factores que siempre son importantes. Dentro de los más habituales se encuentran la distribución, la iluminación, los materiales, el color, el mobiliario y la relación entre los volúmenes. Todos estos elementos tienen que funcionar en conjunto para obtener un resultado equilibrado.

Un proyecto de interiorismo pone el foco en la distribución de los espacios, la selección de los materiales y los acabados, el diseño de la iluminación, la elección del mobiliario, la gama cromática, el almacenamiento y la funcionalidad y la coherencia estética en general. Resolver todos estos aspectos con criterio hace que el espacio gane valor y personalidad.

Aspectos en los que se centra el interiorismo

Esta disciplina se centra en diversos factores. Uno de los más elementales es la distribución. Antes de pensar en muebles o colores, hay que entender cómo se organiza el espacio y cómo se van a mover por él las personas. Una mala distribución puede dar como resultado una estancia incómoda, poco práctica y desordenada a nivel visual. Una buena planificación mejora la circulación, permite que se aproveche cada zona y facilita que el espacio se adapte a su función. Aspecto de gran importancia en las viviendas pequeñas, oficinas, locales comerciales y espacios con diversos usos. Una distribución bien pensada es la base sobre la que se construye.

Otro elemento esencial de esta disciplina es la iluminación. No solo permite que se vea mejor, sino que cambia por completo la percepción del espacio. Una estancia puede parecer más amplia, más cálida, más ordenada o más acogedora en función de la iluminación. El interiorismo tiene en cuenta la luz natural y la artificial, aprovechando al máximo la entrada de luz durante el día y complementando con puntos de iluminación adecuados para cada situación. No se necesita la misma luz en la cocina que en la zona de trabajo o el dormitorio. Una buena planificación de luz ayuda a crear ambientes, destacar zonas concretas y mejorar la experiencia general de uso del espacio.

Esta disciplina también trabaja con las sensaciones. Los materiales y los colores de elección influyen de forma directa en la percepción del ambiente. La madera transmite calidez, ciertos tonos claros aportan sensación de amplitud y algunos acabados generan una imagen elegante, sobria o contemporánea, en función de lo que se pretenda.

Elegir los materiales no es una decisión estética; también tiene que ver con aspectos como el mantenimiento, la durabilidad, el confort y la coherencia del estilo del espacio. Lo mismo pasa con el color, que tiene que responder al uso que se le da al ambiente y al efecto que se quiere obtener.

Dentro del ámbito residencial, busca que las viviendas sean más cómodas, funcionales y acordes con el estilo de vida de los habitantes. No todas las casas tienen las mismas necesidades, ya que una persona que teletrabaja o una familia requiere diferentes soluciones. El interiorismo en las viviendas puede ayudar a obtener más almacenamiento, mejorar la distribución, aprovechar la luz natural o redefinir los ambientes sin tener que recurrir a grandes obras.

También cumple una función estratégica en las oficinas, las tiendas, los hoteles y todo tipo de negocios. En estos casos no solo resuelve aspectos funcionales, sino que también refuerza la imagen del negocio y mejora la experiencia de los clientes y los usuarios del espacio.

Un local comercial bien diseñado favorece la circulación, destaca los productos y hace que la visita sea más atractiva. En una oficina, el interiorismo influye en la productividad, el bienestar y la colaboración del equipo, mientras que en la hostelería, ayuda a que se produzca una experiencia coherente con la propuesta de la marca.

Comprender lo que hace el interiorismo implica conocer el papel del profesional que lo desarrolla: el interiorista. La persona que analiza el espacio, detecta las necesidades, propone las soluciones y diseña una propuesta en la que se combinan la estética y la funcionalidad. Su trabajo puede abarcar desde la elaboración de los planos hasta la coordinación de los elementos del proyecto, pasando por el diseño de los ambientes y la elección del mobiliario. No se trata de tener buen gusto; es necesario tener un buen criterio técnico, visión espacial y la capacidad necesaria para resolver los problemas de uso, distribución y estilo.

Siendo así, no es de extrañar que el interiorismo haya ganado cada vez más relevancia. Los espacios no tienen que ser solo bonitos, tienen que ser funcionales, flexibles y coherentes con las necesidades de los usuarios.

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